domingo, 30 de agosto de 2015

Mi chica libertad

A ti podría decirte que para mí 
cualquier lugar es mi casa 
si eres tú quien abre la puerta.
Elvira Sastre


Ella es una chica lista,
apuesta todo por el todo
y entrega hasta lo poco que se reserva.
Vive en todas las facetas femeninas,
es un resumen de la palabra mujer.
Tiene fama de psicóloga
pero es un monstruo reparavidas.

Es una chica precavida,
teme encubrirse y habla de más,
sabe a verdades ardientes
cuando hay que mirarla a los ojos.
Ama el amor a destiempo
porque nunca le gustaron los esquemas.
Sus cicatrices son todas 
antiguos sueños
que han decidido quedarse con ella.

No adquiere poses,
no usa pendientes;
vive a corazón abierto   
y no usa chaleco anti riesgo.
  Camina descomplicada,
despeinada
desmaquillada,
 descomunal. 
Es un amor transparente.

No conoce de fracasos
ni de victorias a media asta.
Sabe que en los despojos de una guerra
hay presentes a pedazos firmes
que reconstruyen almas enteras.
Ella es salvavidas para cualquier suicida,
es una arquitecta 
de sueños rotos.

Ella es mi chica libertad,
mi pequeña Emancipación.
Me conquista,
me muerde,
me restaura,
Ama sin reglas
sin vendas en el corazón.

A menudo escucha poesía,
baila sola, devora un libro
y usa interiores rojo fuego.
A veces salta sin alas y me lleva consigo
aunque me devore el vértigo enorme
que siento a las alturas 
si no es caer sobre sus manos. 

Es una chica lista,
llora,
ríe,
vuela,
muda de recuerdos.
Asalta a la vida 
llevando como arma una sonrisa.
No se complica si falla
ni se relaja al ganar. 
En su vientre reposa el verbo amar
y su boca es el túnel 
que da directo a la felicidad.

Ella, 
mi chica independiente,
la que se ama a sí misma
por encima de todo,
 sabe que el amor consiste 
en amar bien a amar más,
que a través de las miradas 
siempre habla el corazón. 

Ella es un eterno amanecer, 
y si escuece el tiempo, no te cuento, 
solo sonríe y continúa.
Y aunque su nombre resalte por sobre el resto de las flores,
lleva siempre primaveras en su bolso
por si al Cielo se le olvida lloverle.

sábado, 8 de agosto de 2015

Sacudirse el alma



Si supieras
qué tan cruel es el olvido
volverías para que te recuerde
cada sesenta segundos por minuto,
y no te alcanzaría el tiempo.

Si supieras
cómo cortar esa cuerda
que te ata a mí,
cómo quitarle las manchas
al pasado que se cuelga
de tus ropas sin estreno,
lo pensarías dos, tres
y hasta cien veces
antes de hacerlo.

Si yo supiera
que no puedes hacerlo
y no por falta de ganas.
Que te hizo falta
aprender del coraje
y a mi a no hablar de valentías
entre fantasmas de recuerdos.

Si supieras
que quiero saber
qué es lo que escondes dentro,
qué hace que no te marches
pero no vengas a buscarme.
Saber que me observas
entre mil formas
sin usar más que los ojos
de un corazón desprovisto    
de armaduras.

Si supieras lo que hay dentro de ti:
una llama que no quema,
que no se extingue
pero asfixia.
Que son señales de humo
escapando como dudas
a la presión.
Que allí donde nada queda y todo sobra
no existe fecha limite
para olvidar,
pero si para empezar de cero.

Si supieras ver el mundo
sin usar tus anteojos reformistas,
sin salir de casa los domingos,
sin tener que ocultar las suturas
de aquellas noches sin nosotros
lo sabrías todo
y no sería más un espejo roto,
un camión de mudanza,
un secreto en la caja fuerte 
sin clave de liberación.

Si supieras
que es cuestión de sacudirse el alma,
de limpiarse los restos,
de descoser los vínculos con la herida,
de revolcarse con el recuerdo
sin tener que desnudarle
la vergüenza.

Si lo supieras todo
pequeña,
obtendrías el valor
que te hace falta
y al que tanto temes
y es seguro que te marcharías.

No.
Es mejor que no lo sepas.