jueves, 31 de julio de 2014

Libertad




He preferido no madurar,
vaciarme los intentos,
las miradas que reinvento,
llenarme de rutinas.


Pensé en devolverte a la libertad,
a no enjuiciarte y desterrarme de ti.
Sin miradas que regresen,
sin poemas para dedicar.

Estamos heridos, sin alas,
sin nosotros.
Fuimos muchas promesas que no pudimos cumplir.
te abrí la puerta para deshacer 
todo aquello que habíamos construido.
Soy yo quien quiere devolverte a la libertad,
soy yo quien quiere 
que un día vuelvas más completa y menos perfecta.

Nos consumimos lento,
desparramamos un poco 
y a mi me faltan las ganas de cerrar las manos
para no verte caer.
Estamos presos y enjaulados
la mirada nos retiene.

¿Qué hacer con tantísima falta de ganas?
Recuperarme y recuperarte siempre fue mi principal objetivo.
Aún me amas y aún te amo
ése es el punto para luchar a perder esta guerra innecesaria 
de no volvernos uno.

Esa que no queremos perder para volver a tenernos.
Y a pesar de todo,
he preferido no madurar.


miércoles, 30 de julio de 2014

Mi fantasma favorito es de carne y hueso



  Ya comprendí que no es la tarde, ni mi hogar. No es el café, ni los conciertos; no es el día ni la noche, ni siquiera un simple apretón de manos en algún cine de la ciudad. No es el lugar donde me encuentre. Eres tú en mi memoria. Eres un fantasma que pasea en mi cabeza, de omnipresencia a gran escala. Ya comprendí que no importa que el reloj gire o no, ni que el día llegue o se vaya entre intentos para no pensarte, o al menos pensarte un poco menos, no es eso. pues haga lo que haga, son las ganas vanas que tengo de no olvidarte, de los miedos que me han nacido con la idea de no poder recordarte aunque lo desee, las que te devuelven a mí. Ya comprendí, que no importa si es la vida la que me recuerda que existes, pues no hay un lugar de descanso en el que no se sienta el peso de tus ayeres.

martes, 29 de julio de 2014

Soledad

Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.
Alejandra Pizarnik

A veces, soledad,
cuento mis pasos suspendidos
y me conceptúo. 

Quién diría.

Veo al mundo partir
y me tuesta el polvo de su andar.
Como un buen forastero,
en la noche pierdo mi fuerza nativa
y me vuelvo ficción.

Cuando me hablan de paz 

todo vuelve a su sitio:
las guerras retornan con la soledad,
el tiempo es un poema quebrado,
el mundo es Alighieri
y yo soy su infierno.

Todo brama presente a medio coser,

el errado andar es un buitre que busca las heridas,
las convierte en noches que se disuelven,
en instantes perpetuos,
en huellas que se pierden.

Mientras, permanezco solitario 

y soy ministro de un agujero en el presente,
del galope de mis doctrinas,
de todo lo que nace y se vuelve verso.

A veces, soledad,

cuento mis pasos suspendidos
y vuelvo a ser yo.
Quién diría,
A veces tengo siempre la razón
y veo al mundo partir.

lunes, 21 de julio de 2014

Entre flores y ayeres



Para Andrea Mendieta.

En tantos años aprendí a observarte sin la necesidad de verte a los ojos.

  No tienes las ganas puestas en este poema, en el motor de éste presente, ni en el sueño fugaz de cada madrugada cortante. Pero sí que tienes ganas de volver a sentirte, de que el ayer y el futuro sean uno solo.

Y te salven.
Ni los abrazos más vacíos duelen tanto como los que nunca diste.
Ni los días pierden tanta magia como la que sin querer has regalado.

viernes, 18 de julio de 2014

Versalles




  Hay un conjunto de tristezas en al vida que siempre encuentran el momento de habitarla. Y se puede decir que es una especie de recuerdo convulsionando. A mí las calles me enseñaron ésto, me revelaron cómo actuar. Mientras me domestico a medida que pasa el tiempo y camino, encuentro consejos como parábolas. Sí, como parábolas. No veo el caso de seguirle el juego a estas notas si siempre volveré a verme imperfecto entre tanta maleza.
Todo lo hice a escondidas, o al menos seguro de que nadie me vería.

  Y a escondidas nuestros ojos se miran cuando suena a duda el momento de decir la verdad.

  Todo andar tiene una golosina de algún ayer pegada en la suela del zapato. Intermitente andar –mi lugar imaginario- he decidido que sea Versalles el nombre de mi ciudad, así como he elegido que me acompañes a recorrer estas calles en su máximo apogeo. Dicen que la muerte es un lugar para vivir mejor, tal vez así sea.

  ¿Quién pudiera decir que la vida es un purgatorio con olor a soledad? No, la vida es el comienzo de algo humano que ya viene.