miércoles, 27 de enero de 2016

Efecto postamor

Dos personas olvidándose 
solo están queriéndose de otra manera. 
El olvido llega con la soledad, 
cuando uno es solo uno 
y no hay hueco para otro.
Elvira Sastre
  
  Por si una noche decides leerme en silencio, por si te da por recordarme cuando escueza la soledad, o por si solo deseas saber si estoy bien. Por si te lo estás preguntando, sí, estoy hibernando, y no soy el típico masoquista que se arrulla con recuerdos y canciones de amor. Solo hay tiempo y espacio. Ese mismo tiempo que te hace entender que el adiós es sólo una prórroga para quedarse más tiempo. Ese mismo espacio que te pone frente a ti y te devuelve completo. Entenderás de antemano todos estos meses de abstinencia, todas estas llagas que cerraron solas sin que algún desfile de recuerdos pase sobre ellas dejando invitaciones de anhelos próximos. Disculpa las llamadas no realizadas y los mensajes de amor que nunca llegaron, todas estas cosas fueron para mí, minutos inseguros que rodearon mi sala antes de morir varias veces. Por si te lo vuelves a preguntar, todo cambia, todo sutura, pero un corazón no termina de crecer jamás, siempre habrá un efecto postamor que te hará pensar que las miradas deben darse hacia delante y sin mirar atrás; o por el contrario, que te hará creer que el mejor lugar para estar, siempre será bajo el techo de un corazón a quien un día llamaste Casa.

Y tú siempre fuiste Casa.