Sigo
aquí,
quieto entre las ganas y la impotencia,
plantado y sin moverme
por temor a lo inseguro.
quieto entre las ganas y la impotencia,
plantado y sin moverme
por temor a lo inseguro.
Mientras, pienso en ti
como pienso en el verano,
como pienso en el verano,
en
el silencio, en la lluvia,
en lo que no regresa si no es
para avivar las sombras.
en lo que no regresa si no es
para avivar las sombras.
Pero
es tarde
esté donde esté,
en
este lugar o fuera de aquí
sigue golpeando tu recuerdo,
las horas de tu ausencia,
las horas de tu ausencia,
tu
forma de volver una y otra vez,
de
herirme sin siquiera tocarme.
Y
moverse resulta incierto,
miedo
a que ya no duelas
a
que todo el peso de los años
sean
sólo un puñado de cenizas.
Quizá
no sea el lugar,
tal
vez sea algo más,
algo
pegado a mi piel que no puedo arrancar.
Como
si la solución fuese galopar
fuera
de mí hacia ningún sitio.
Yo
nunca quise olvidarte,
tan sólo que no dolieras.
