martes, 22 de septiembre de 2015

Mirarse de espaldas

Tú cortada
y yo en pedazos.
Javier Ruíz Taboada

Empezaba otro día de mierda en la terminal de mi cama,
sin ti e intentando acostumbrarme al presente incompleto.

Y todos los intentos de mirar de frente al porvenir 
sin bajarle la mirada, 
porque pensé que observando al suelo 
aún caminarías de mi lado, 
que a la vuelta de éste poema 
podría volver a encontrarte como un verso virgen.
Pero no es tan fácil; 
para volver a aquellos tiempos  
hace falta tener valentía 
y el miedo siempre escuece las ganas
en el último empujón.

Lo intenté todo,
todo lo humanamente posible: 
aceleré el paso hacia cualquier lugar
buscando escapar de los impactos de la noche.
Utilicé los recuerdos como señales de humo, 
como un boleto de autobús perdido. 
Imposible es buscar materializar el olvido 
cuando sabes que depende del tiempo. 

El olvido no se busca, 
solo sucede.

Dicen que no hay peor decisión que aquella 
que no se toma por miedo a quebrar el futuro
y yo empezando a creer que tengo la palabra olvido 
estancada en los ojos desde que no me miran los tuyos. 

Tus recuerdos son todas heridas 
que trotan detrás de mi.
Y por eso escribo cosas,
para no esperar pendientes que no llegan, 
para no alimentar llamas de amores apagados.  
Y tú ya lo sabes,
no sería justo caminar hacia el futuro

si uno de los dos es el que está olvidando 

y el otro sigue esperando.

Qué más da, 
amor libre,
siempre amé tu libertad;
amé tu contrato de sueños 
que se renovaban con sólo verte,
tu firma en todos mis poemas sin nombre.
Pero no vi jamás la cláusula de rescisión
detrás de tus ojos.

El tiempo lo cura todo

dicen los desesperanzados,
esos que siguen viviendo a expensas del pasado.
El tiempo 
-ese momento eterno-
que duerme en las llagas,
en los folios de todos los futuros ajenos 
el consuelo de aquellos que nunca 
han salido de un pasado en tiempo presente,
nunca fue tan letal como hoy.


El tiempo lo cura todo

lo digo sin creer en las consecuencias,
sin querer que la razón esta vez gane la guerra.

Y tal vez te pase igual, 
que cada vez que intentes olvidarme
sientas que estás rascando aquella herida 
que nos hicimos una noche rota de Marzo, 
que cada tacto a la cicatriz 
sea un jalón de oreja que te dio el amor.

Olvidar es reforzar el recuerdo

de nuevos intentos
cada vez que cierro los ojos.
Mirarnos de espaldas es temerle 
a un porvenir sin nosotros.