De un mal polvo a la muerte del sol
la noche no se contuvo y me parió.
Fue grave el acontecimiento,
pues no figuraba en las rutinas del calendario,
ni se esperaba un poeta más.
Reviéntame sin temor
a
salpicarte
Le clamaba la noche
a esta luna a punto de parir.
Un día cualquiera,
la hastiada noche alumbró a este mito,
cobrándole así las deudas
a los callejeros que en su nombre
repetidas veces fornicaron.
Nada estuvo fraguado,
todo fue accidentado.
No anuncié cuando venia,
ni siquiera sabía que llegaba.

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