jueves, 17 de octubre de 2013

Suicidio





Tal vez cometa suicidio 
queriéndote así,
sin ver el peligro
que conlleva maniobrar sobre un amor 
de alas rotas.
Fue fácil olvidarte mientras no estabas;
reforcé aquella excusa 
de querer no extrañarte
en esos días en que tu recuerdo 
no escuece con la misma intensidad.

En ese instante de quererte
a menudo, casi siempre,
viví cegado por las luces
de tener que estar sin ti
en mitad de la oscura noche de invierno.
Fui un poema inconcluso olvidado 
en el diario
y caminar ha sido un remedio natural 
contra la resaca emocional.
Pero aún tengo a mis demonios 
vivos,
estallados, 
contándote.

Olvidar,
esa palabra arrasadora
que parte en dos el alba, 
que se duplica en las noches hirientes 
en las que cada latido marca el aliento final
de un pasado feliz. 
Excluirla es otro fin,
una mentira más de esas 
que solo llegan a entender los cobardes.

Vuelve
y te vuelvo a querer.
Nunca pude desplazar tu recuerdo
hacia la papelera de reciclaje.
Olvidarte es solo una leyenda,
tal vez
un pequeño suicidio.


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