A veces tengo pequeños ataques de
"quereres" que me hacen quererte mucho más de lo que debería, por
ende, suelo escribirte mucho más de lo que te pienso (aunque parezca
imposible). Y luego, como un relojillo que apresura sus manecillas cuando el
tiempo le persigue, echo a andar mis memorias: Te digo entonces, que ayer que
llovía, me dio por sentarme en un banquito y disfrutar de aquellas gotitas
heladas que recorrían el cielo y la gravedad cayendo muy cerquita de mí. Pensé
que estarías de la misma forma, tranquila e irrepetiblemente bella, como solo
tú puedes estarlo. Al otro lado de nuestra parroquia, hay una distancia (que en
teoría es la misma) que nos aleja a unos pocos centímetros, y en todo eso, la
lluvia hablaba conmigo y se hacía la misma interrogante que me suelo hacer yo
cuando estoy tan solitario... ¿Qué será de mi amada allá, al otro lado del
charco?, ¿Pensará en mi por tan solo unos segundos?, mira tú, la misma lluvia
que caía en mi casa lo hacía también en la tuya, y sin embargo, tampoco pudo descifrarte.
Algunos de los secretos más fervientes y guardados los escondiste aquella tarde
de lluvia, en la que empecé a extrañarte a sobremanera, cada vez que lo hago,
me dan unas ganas inmensas de escapar, de salir corriendo, y sin embargo el
único lugar al que deseo huir es hacia tu cuerpo. Pero me conformé con tan
poco, me conformé con saber que estabas allí, donde deseo estar, me conformé
con saber que ambos respiramos, que vivimos -en teoría- con nuestros demonios
(que a menudo siempre se entienden), apacibles y despiertos. Me conformé con
saber que sufrías por qué se yo qué cosa, al igual que yo, y me conformé con
volver a recordarte; después de todo, en aquella tarde de lluvia -en la cual te perdí una vez más- sólo confirmé que el pasado trae consigo recuerdos de lo que seremos en
el futuro. Ésto no suena alentador. Quién sabe qué seremos. Eso me mostró la lluvia aquella tarde, que quise
agarrar mi guitarra -la cual aún no tengo- y entonarte canciones aunque no
sepas que lo hice, aunque solo yo pueda escucharme. Quise leer un buen libro
tomándome una buena taza de café -aunque no me guste el café- y quise pensarte
dulcemente como siempre lo hago, pero me la perdí, me perdí esa tarde de
lluvia. No lo hice, quedó solo en deseos, en oportunidades a pendientes, quedó
solo en ti. ¡Vamos! qué forma más bonita de entender por qué cayó la lluvia.
Jonathan Ulloa
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario