jueves, 17 de octubre de 2013

Una tarde entendí por qué cae la lluvia



A veces tengo pequeños ataques de "quereres" que me hacen quererte mucho más de lo que debería, por ende, suelo escribirte mucho más de lo que te pienso (aunque parezca imposible). Y luego, como un relojillo que apresura sus manecillas cuando el tiempo le persigue, echo a andar mis memorias: Te digo entonces, que ayer que llovía, me dio por sentarme en un banquito y disfrutar de aquellas gotitas heladas que recorrían el cielo y la gravedad cayendo muy cerquita de mí. Pensé que estarías de la misma forma, tranquila e irrepetiblemente bella, como solo tú puedes estarlo. Al otro lado de nuestra parroquia, hay una distancia (que en teoría es la misma) que nos aleja a unos pocos centímetros, y en todo eso, la lluvia hablaba conmigo y se hacía la misma interrogante que me suelo hacer yo cuando estoy tan solitario... ¿Qué será de mi amada allá, al otro lado del charco?, ¿Pensará en mi por tan solo unos segundos?, mira tú, la misma lluvia que caía en mi casa lo hacía también en la tuya, y sin embargo, tampoco pudo descifrarte. Algunos de los secretos más fervientes y guardados los escondiste aquella tarde de lluvia, en la que empecé a extrañarte a sobremanera, cada vez que lo hago, me dan unas ganas inmensas de escapar, de salir corriendo, y sin embargo el único lugar al que deseo huir es hacia tu cuerpo. Pero me conformé con tan poco, me conformé con saber que estabas allí, donde deseo estar, me conformé con saber que ambos respiramos, que vivimos -en teoría- con nuestros demonios (que a menudo siempre se entienden), apacibles y despiertos. Me conformé con saber que sufrías por qué se yo qué cosa, al igual que yo, y me conformé con volver a recordarte; después de todo, en aquella tarde de lluvia -en la cual te perdí una vez más- sólo confirmé que el pasado trae consigo recuerdos de lo que seremos en el futuro. Ésto no suena alentador. Quién sabe qué seremos. Eso me mostró la lluvia aquella tarde, que quise agarrar mi guitarra -la cual aún no tengo- y entonarte canciones aunque no sepas que lo hice, aunque solo yo pueda escucharme. Quise leer un buen libro tomándome una buena taza de café -aunque no me guste el café- y quise pensarte dulcemente como siempre lo hago, pero me la perdí, me perdí esa tarde de lluvia. No lo hice, quedó solo en deseos, en oportunidades a pendientes, quedó solo en ti. ¡Vamos! qué forma más bonita de entender por qué cayó la lluvia.





Jonathan Ulloa

No hay comentarios:

Publicar un comentario