La soledad determinó el cambio,
los días en el que nada pasaba
pero a la vez todo volvía a ser por sí
mismo.
Quizá era cuestión de
madurez aceptar todo lo que viene
después de la huida y el desastre,
luego de esos días en el que ya no
éramos
un amor de noche de gala.
Como si no lo supiéramos:
la herida solo duele el tiempo que le
permitas sangrar.
Fue leve el disparo
que la hiel del recuerdo no cubrió más
mis noches
desde que olvidé nombrarte en ellas.
Pero sería un error creer que todo acaba aquí,
que nunca volveré a mirar atrás sin ganas
de regresar.
Yo sigo esperando volver a octubre,
a la magia de los primeros versos
que te escribí cuando lo eras todo,
a la fe agónica de que también piensas en
mi.
O, por lo contrario, volver
a las ganas efímeras de quien no ama,
a las tardes de escritura,
a la rutina insaciable del calendario
con los pasos lentos de alguien que busca
algo que no sabe,
a las calles ocupadas de gente
indiferente.
Volver a encontrar nuevos cuerpos
en un café donde no te espero,
besarle la pena al azar
y quizá, con algo suerte,
volver a encontrarte.
volver a encontrarte.

No hay comentarios:
Publicar un comentario