Hay un conjunto de tristezas en al vida que siempre encuentran el momento de habitarla. Y se puede decir que es una especie de recuerdo convulsionando. A mí las calles me enseñaron ésto, me revelaron cómo actuar. Mientras me domestico a medida que pasa el tiempo y camino, encuentro consejos como parábolas. Sí, como parábolas. No veo el caso de seguirle el juego a estas notas si siempre volveré a verme imperfecto entre tanta maleza.
Todo lo hice a escondidas, o al menos seguro de que nadie me vería.
Y a escondidas nuestros
ojos se miran cuando suena a duda el momento de decir la verdad.
Todo andar tiene una golosina
de algún ayer pegada en la suela del zapato. Intermitente andar –mi lugar imaginario- he
decidido que sea Versalles el nombre
de mi ciudad, así como he elegido que me acompañes a recorrer estas calles en su máximo apogeo. Dicen que la muerte es un lugar para vivir mejor, tal vez así sea.
¿Quién pudiera decir que la vida es un purgatorio con olor a soledad? No, la vida es el comienzo de algo humano que ya viene.

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