Aunque solo me escuche una silla vacía
será firme mi voz,
no por lo que la muerte me prometa
sino por todo aquello que no podrá quitarme.
Luis García Montero
Hoy me dio por recorrer las autopistas del viejo cementerio que hay en mi cabeza, y miré varias veces hacia los lados buscando un pequeño punto de fuga. Cuando pude, di pasos hacia atrás y me confirmé frugalmente interfecto entre los faroles de la noche que alumbraban estas tumbas con mensajes de buenas noches. No dolían los miedos ni las cruces erigidas, solo ardía una vaga esperanza de salir un tanto ileso con las pocas horas de la tarde. Por consiguiente, caminando apresuradamente lento, llevé mis manos hacia atrás queriendo soltar las flores secas que dormirían en mi domo. Pero, como suele ocurrirme muy a menudo, olvidé que en el corredor de las melancolías solo estoy de paso.
Perdone usted, señora Muerte, pero ya no le temo como antes.
Jonathan Ulloa.

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