el tiempo que llevo siendo
el caudillo
de mis propios momentos,
leo un verso corto
escrito en el lienzo
de tus senos:
Yo no quiero
que el fantasma de la suerte
me asalte los domingos.
Que no me salve
de escribirte versos en el vientre,
que la mitad del universo
no está en el centro
del continente
sino en los pliegues
de tu ombligo.
Yo no quiero
que me observes sonreír.
Conoce el lado débil de mi alma,
se la semilla y no la cáscara.
La chimenea
de mi razón más frustrante
cuando me fumo los sentidos.
Soy como las obras de arte
mal remuneradas
pero sabes pagarme
con el precio de las mieles
de tu espalda.
Me serviría poco
si agonizaran mis domingos,
no me importa
si no retornan los pasados.
Soy más fuerte
cuando presiento
que esta noche llegas entera.
Quiero que tu pesadilla
sea quien me espante
cuando duermo
y no los fantasmas
de tu ausencia
al despertarme.
Se quien me encienda
los cigarros mientras pinto,
los cigarros mientras pinto,
quien pierda la mirada
viendo una de mis obras
recién terminada.
Soy unas narices abiertas
por tus manos
que huelen a futuro.
No seas
la que me salve del pasado.
Se la carne,
el tornado en mis entrañas,
se las venias del tiempo
que responden mis auxilios.
No seas
las sabanas
caídas al pie de mi cama.
Se quien enfríe
los violento versos de mis dedos.
Nos estamos
poniendo viejos
y el destino nos reclama.
Estoy solo de paso
pero siempre querré quedarme
un poco más en tu regazo.
Me gusta untar
las heridas de mis llagas
porque recuerdo sus
causas en mi palmas.
Y todo ésto me lleva a ti.
Sin mucho ruido
me reclamo sigiloso
por todas esa muertes
que provoco
cuando abro
la puerta y entras tú
para dormir en mi cama.
Y contigo
Soy todo lo contrario,
te muestro
que el tiempo solo es valido
si en tu diario
llevas actos del pasado.
Yo no quiero
que el fantasma de la suerte
me asalte los domingos.
Quiero
que comprendas
que la palabra libertad
está en tu pecho
y no en las alas
de tu cuerpo.

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