Sonarás irrepetible
porque naturalmente lo eres.
Nadie se parece a nadie,
ninguna como tú puede mostrarse
tan libre y tan
ajena.
Pero estoy hibernando sin ti,
con mis abrigos rotos y caminatas diarias.
Pensarás que me echo al abandono,
y tal vez tenga razón el espejo
pero recuérdalo,
fuiste tú quien eligió partir.
Ya sé que todo se está jodiendo,
que no sé cómo estás viviendo sin mí.
Tal vez ya pasaste la estación del invierno
o estés saliendo de ella,
o nunca la sentiste pasar.
Tú has tomado tu decisión y yo la mía:
tú decidiste desterrarte de mi,
yo he decido no decidir nada todavía.
No por verte volver,
fue más bien por cobardía.
Sigue encontrándote,
volviendo a sentirte tan libre sin mi,
a no ver atrás y de reojo
por esa puerta entreabierta
a la cual antes abrías de par en par
para observarme.
Yo seguiré encontrando el lugar
donde fui feliz antes de ti,
una felicidad diferente
en el que el amor propio sea el motor.
Sé que lo sabes,
que aún quedan restos de este amor desastre.
Y lo mejor dirás
es que nos queda el recuerdo.
Y tal vez estemos más completos sin nosotros,
pero dime tú
¿quién puede decir que estar completo
es revestirse
de otro cuerpo?
hay maneras, mañas y manías
y todas las aprendí a tu lado.
Whitman lo sabía,
sabía que un amor no se plagia ni se reemplaza.
Comenzar un día después de haber perdido un amor
es empezar un día sintiendo otro.
Entre tanto
podríamos hacer un pacto:
échame de menos un rato cada día
y yo te echaré de más cada vez menos.
Recuérdalo,
tú siempre fuiste más fuerte,
más sincera.
Por eso me cuesta decirte adiós,
porque a veces es mejor callar
que herirse con palabras.

No hay comentarios:
Publicar un comentario