Esta vez no escribiré
sobre el amor,
escribiré sobre una
chica que supo hablarme de realidades,
de un amor revestido
de presentes,
pero amor al fin.
De un amor superdotado de algo más llevadero,
de algo que entendí
desde la primera vez que me habló
con el valor de una
dama que perdió la educación.
Hablaré de ella, sí,
como cuando se habla
de cosas extraordinarias
sin hacer mucho
alarde de lo que ella representó
y sigue representando
para mi mundo.
¿Qué podré decir en
honor a la verdad en este amor?
Que aunque nunca
toqué su cabello,
ni observé sus ojos
para decirle con los míos
que eran los más
bonitos que he visto,
pude sentir mil veces
que así sería
cuando al fin logre
tenerlos frente a mi.
Y me bastaba para
frenar la ansiedad
de seguirme volviendo
loco por ella a corto plazo.
Escucharle hablar
era ver pasar todas las estaciones a la vez,
era cortar un árbol para volverlo un libro.
Era resucitar de una guerra perdida,
volver a emprender el viaje de vuelta a casa.
Con ella era marchitar para volver a germinar en primavera
sin miedo a volver a secarse.
Escucharle, era escuchar también la venida del tren,
pararse en una esquina para recordarlo todo
mientras cambiaba el semáforo.
No fue cosa del azar,
lo sé,
fue cosa de un empujón,
de esas casualidades que parecen destino,
y tal vez era así.
Escucharle hablar
era ver pasar todas las estaciones a la vez,
era cortar un árbol para volverlo un libro.
Era resucitar de una guerra perdida,
volver a emprender el viaje de vuelta a casa.
Con ella era marchitar para volver a germinar en primavera
sin miedo a volver a secarse.
Escucharle, era escuchar también la venida del tren,
pararse en una esquina para recordarlo todo
mientras cambiaba el semáforo.
No fue cosa del azar,
lo sé,
fue cosa de un empujón,
de esas casualidades que parecen destino,
y tal vez era así.
Mi chica era de fuego,
Su corazón servía de
autopista para el mundo.
Su interminable
comienzo
era también el
comienzo de un buen día.
Su sonrisa era realmente el motor
para lograr tener una jornada perfecta
para lograr tener una jornada perfecta
y no los complejos
estados de ánimos que el mundo nos daba.
No hablaré de amor
esta vez,
hablaré de un
holocausto al que confundí por amor,
de una mujer que supo
ganarme con acciones
que promovían a
cambiarme de bando a cada instante,
es que su yo interior
era cambiante según su estabilidad.
Así era mi chica.
Recuerdo que siempre
le escribí sobre el amor
y de lugares que
visitaríamos cuando nos entrelazáramos.
Recuerdo sugerirle
quedarse conmigo
aunque a veces me
sintiera distante.
Sé que lo recuerda,
sé que recuerda que
alguna vez me vio consigo
tomando un café en el
Zócalo de su ciudad,
que entre tanta gente
sólo quería tomarlo conmigo,
sé que recuerda verme consigo
cuando caminaba a hacer sus compras,
y cuando volvía de la biblioteca
para dormir sintiéndose protegida.
sé que recuerda verme consigo
cuando caminaba a hacer sus compras,
y cuando volvía de la biblioteca
para dormir sintiéndose protegida.
¡qué tiempos
aquellos!
y al hacerlo me
devolvió a su historia de vida,
a esos lugares que me
gustan también a mi.
De igual manera,
yo hago lo mismo con ella,
también puedo decir que me la imaginaba
cuando iba a los conciertos,
a los recitales de poesía,
y era ella quien estaba junto a mí.
yo hago lo mismo con ella,
también puedo decir que me la imaginaba
cuando iba a los conciertos,
a los recitales de poesía,
y era ella quien estaba junto a mí.
Yo también vuelvo a
aquel momento en el que fui feliz.
Ella era mi chica,
Nunca olvido que
tocar su espalda
era lo más parecido a
besar al mundo
desde todos sus ángulos,
con todos sus
sabores.
No me olvido de ella.
Del otro lado de esa
pared
hace su vida sin
mi pero me tiene.
Es una mujer a la que
no le hace falta un espejo,
pues el mundo se
refleja en ella,
su nombre lo confirma
cuando llega la primavera.
No puedo decir que no esta aquí,
ni yo allá.
No puedo decir que esto fue el fin,
ella es mi chica aunque ya no lo sea.
Por eso no escribiré esta vez del amor,
de eso a lo que fácilmente le ven la cara de tonto.
Prefiero quedarme aquí
donde ella ha dejado un sinnúmero de cuentos
que solo yo puedo terminar de buena manera.
Esta vez no escribiré sobre el amor,
escribiré para decir que todo marcha bien,
para decir que sin ella mi vida es una pirueta a ojos vendados
en el cual no sé qué me espera por suelo,
pero siempre cayendo de pie
para volver a saltar precipitado hacia un lugar mejor.
Esta vez es para escribir que me queda de consuelo
repasarla una y otra vez las veces que me plazca
para sentirla conmigo aunque todo sea un deseo efímero.
Escribí esta vez para recordar
que en su ciudad,
y en la mía,
aún existen trozos de un deseo que se puede cumplir.
Hay un vacío y lo siento,
todo está bien, pero no es igual.
No puedo decir que no esta aquí,
ni yo allá.
No puedo decir que esto fue el fin,
ella es mi chica aunque ya no lo sea.
Por eso no escribiré esta vez del amor,
de eso a lo que fácilmente le ven la cara de tonto.
Prefiero quedarme aquí
donde ella ha dejado un sinnúmero de cuentos
que solo yo puedo terminar de buena manera.
Esta vez no escribiré sobre el amor,
escribiré para decir que todo marcha bien,
para decir que sin ella mi vida es una pirueta a ojos vendados
en el cual no sé qué me espera por suelo,
pero siempre cayendo de pie
para volver a saltar precipitado hacia un lugar mejor.
Esta vez es para escribir que me queda de consuelo
repasarla una y otra vez las veces que me plazca
para sentirla conmigo aunque todo sea un deseo efímero.
Escribí esta vez para recordar
que en su ciudad,
y en la mía,
aún existen trozos de un deseo que se puede cumplir.
Hay un vacío y lo siento,
todo está bien, pero no es igual.
Ella es una pieza que
me falta,
no es realmente
indispensable,
pero esa pieza completa
el rompecabezas.
Esta vez no hablaré
de amor,
ni de éste momento
sin ella,
hablaré del recuerdo
que me queda,
de un recuerdo que
palpita y no se detiene,
que toma forma de
pasado
y me devuelve al fin al
lugar de donde nunca debí salir,
Tal vez ese lugar es
ella…
Tal vez.
Jonathan Ulloa.

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