lunes, 4 de mayo de 2015

Distancia/Hogar



El amor a distancia es un maestro
que nos enseña a estar más cerca,
a mantener la calma y saber
que los kilómetros son sueños aparentes
que caminan sin piernas ni términos.

Ya hay huellas en la piel del destino,
vuelvo siempre por el mismo camino para no extraviarme.
Yo paseo y me deshilo contándote,
me pruebo mientras lo hago y alucino.
Me repito en cada esquina 
y siento que soy una lluvia extraña 
que cae sobre tu cuerpo desnudo.

Lo predecí cuando te conocí,
que la distancia jugaría un papel importante aquí.
que habrían miles de cuerpos 
similares a los nuestros regados por ahí,
que lucharían también como nosotros 
para no ser una simple historia de amor 
archivadas en el fichero del olvido.
No se trataba de aceptar la distancia como nuestro hogar, 
se trataba de sentirlo así, 
de que nos gustara viajar a través de aviones imaginarios 
sin tener que haber consumido un poco de Cannabis.
Y así fue,
todos los días disfrutaba de mi hogar 
en donde quiera que me encontrara.
Después de todo,
mi lugar favorito para vivir siempre fue tu cuerpo.


El amor no es cosa de la casualidad,

dale crédito a la causalidad,
a las manías que tiene el destino 
de unir dos cuerpos impar.
Tu cabello es una sombrilla
que bloquea una a una las tormentas,

Te encuentro lejos, mi vida,
y te digo nuevamente 
que el tiempo vino acompañado,
que no viene sólo a vociferar 
sobre su paso rápido por nuestro aquí y ahora 
en el cual no deja más que historias 
que se pueden llegar a contar sin que sangre la herida.
Esta vez te trae consigo
y es lo mejor de que el tiempo pase.

Elegí que la distancia llevara tu nombre,
porque mi hogar eres tú 
emergida en todo momento y en todo lugar.
Fundirse no es algo que se deba añorar con ansias.
Es mejor complementarse a completarse,
un amor casi perfecto es un amor casi incompleto. 

Mira como la distancia nos dolió 

y al mismo tiempo nos sanó las heridas,
sanamos para volvernos cicatrices en esta tierra de sueños 
en los que pocos pueden ofrecerle al mundo 
un lugar para amar mejor.
Y no es que cambiemos las reglas del mundo, 
es que estas reglas fueron hechas para ambos, 
que las entendemos como si las hubiésemos creado nosotros.
Y el resto no lo sabe.

Cada noche es como ninguna;
es decir,
son noches diferentes,
pero siempre teniendo el mismo fin: 
a ser una distancia sin kilómetros,
sin piernas gigantes,
sin cambios de un concepto 
que vaya más allá del significado exacto
de estar juntos sobre el tiempo.

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