El
amor a distancia es un maestro
que nos enseña a
estar más cerca,
a mantener la calma y
saber
que los kilómetros
son sueños aparentes
que caminan sin
piernas ni términos.
Ya hay huellas en la piel del destino,
vuelvo siempre por el
mismo camino para no extraviarme.
Yo paseo y me deshilo
contándote,
me pruebo mientras lo
hago y alucino.
Me repito en cada
esquina
y siento que soy una
lluvia extraña
que cae sobre tu
cuerpo desnudo.
Lo predecí cuando te conocí,
que la distancia
jugaría un papel importante aquí.
que habrían miles de
cuerpos
similares a los nuestros regados por ahí,
que lucharían también
como nosotros
para no ser una
simple historia de amor
archivadas en el fichero del olvido.
No se trataba de
aceptar la distancia como nuestro hogar,
se trataba de
sentirlo así,
de que nos gustara
viajar a través de aviones imaginarios
sin tener que haber
consumido un poco de Cannabis.
Y así fue,
todos los días
disfrutaba de mi hogar
en donde quiera que
me encontrara.
Después de todo,
mi lugar favorito
para vivir siempre fue tu cuerpo.
El amor no es cosa de la casualidad,
dale crédito a la causalidad,
a las manías que tiene el destino
de unir dos cuerpos impar.
Tu cabello es una sombrilla
que bloquea una a una las tormentas,
Te encuentro lejos, mi vida,
y te digo nuevamente
que el tiempo vino acompañado,
que no viene sólo
a vociferar
sobre su
paso rápido por nuestro aquí y ahora
en el cual no deja
más que historias
que se pueden llegar
a contar sin que sangre la herida.
Esta vez te trae
consigo
y es lo mejor de
que el tiempo pase.
Elegí que la
distancia llevara tu nombre,
porque mi hogar eres
tú
emergida en todo momento y en todo lugar.
Fundirse no es algo
que se deba añorar con ansias.
Es mejor
complementarse a completarse,
un amor casi perfecto es un amor casi incompleto.
Mira como la distancia nos dolió
y al mismo tiempo nos sanó las heridas,
sanamos para
volvernos cicatrices en esta tierra de sueños
en los que pocos
pueden ofrecerle al mundo
un lugar para amar
mejor.
Y no es que cambiemos
las reglas del mundo,
es que estas reglas
fueron hechas para ambos,
que las entendemos
como si las hubiésemos creado nosotros.
Y el resto no lo sabe.
Cada noche es como
ninguna;
es decir,
son noches diferentes,
pero siempre teniendo el mismo fin:
a ser una distancia sin kilómetros,
sin piernas gigantes,
sin cambios de un concepto
que vaya más allá del significado exacto
de estar juntos sobre el tiempo.

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