Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.
Alejandra Pizarnik
A veces, soledad,
cuento mis pasos suspendidos
y me conceptúo.
Quién diría.
Veo al mundo partir
y me tuesta el polvo de su andar.
Como un buen forastero,
en la noche pierdo mi fuerza nativa
y me vuelvo ficción.
Cuando me hablan de paz
todo vuelve a su sitio:
las guerras retornan con la soledad,
el tiempo es un poema quebrado,
el mundo es Alighieri
y yo soy su infierno.
Todo brama presente a medio coser,
el errado andar es un buitre que busca las heridas,
las convierte en noches que se disuelven,
en instantes perpetuos,
en huellas que se pierden.
Mientras, permanezco solitario
y soy ministro de un agujero en el presente,
del galope de mis doctrinas,
de todo lo que nace y se vuelve verso.
A veces, soledad,
cuento mis pasos suspendidos
y vuelvo a ser yo.
Quién diría,
A veces tengo siempre la razón
y veo al mundo partir.

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