Ella grabó en todas mis puertas
su intermitente decisión,
su intermitente decisión,
tal vez la huida le dolía menos
que una guerra rostro a rostro.
que una guerra rostro a rostro.
Yo desdibujé aquel amor de mi piel
intentando el olvido de la herida,
intentando el olvido de la herida,
pero siempre queda la cicatriz
y es par siempre.
y es par siempre.
Ella fue una despensa repleta
de otoños que iban y venían.
de otoños que iban y venían.
Yo, por mi parte,
repasaba nuestros cuentos incompletos.
Tenía en el bolsillo una agenda
con instrucciones de cómo pasar el invierno sin ella,
aunque siempre me gustó más que su ayer
me abrigase las entrañas.
me abrigase las entrañas.
Y volvía y volvía
una y otra vez
por la carretera de lo que no vuelve jamás
y le escuchaba ser nuevamente.
Tarde lo entendí,
retrocedí el cassette del ayer.

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